El COVID-19 ha encontrado un gran aliado en el alpinchismo.
Vamos por casi 8000 fallecidos según cifras oficiales del MINSA.
Alpinchismo viene de la
frase “me llega al pincho”, que significa que no le interesa las consecuencias
de su accionar, así medio Perú se muera. Y ese alpinchismo es un mal de la
sociedad peruana, de todas las clases sociales. Señorones con doctorados son
alpinchistas al igual que uno que no terminó la primaria. Una de las frases alpinchista de la
política es “No me interesa así se perjudiquen diez mil, cien mil personas. ¡No
va!”[1].
Empresarios mineros alpinchista. No respetan las normas de
protección ambiental: contaminan ríos y lagos, luego tenemos niños con plomo,
arsénico y mercurio en la sangre[2].
Políticos alpinchistas. Quienes los apoyaron en sus campañas
electorales son contratados en las municipalidades, las regiones, el congreso,
sin tener un perfil profesional. Luego los puentes mal construidos se desploman[3].
Policías y choferes alpinchistas. En cualquier esquina piden
coima a los choferes que se pasaron al luz roja sin importar que puedan
atropellar al transeúnte o chocar con otro carro. Luego tenemos cientos de
muertos por accidente de tránsito[4].
Médicos alpinchistas. En horario de trabajo del hospital
estatal atienden en clínicas privadas[5]. Luego los pacientes
mueran por falta de atención.
Militares alpinchistas. Roban combustible y rancho de los
soldados[6].
Así tenemos una larga lista de alpinchistas, a quienes no les
interesa que mueran peruanos si se trata engrosar sus billeteras.
Claro que hay excepciones en todos los casos, sin embargo, el
alpinchismo ha gangrenado el Perú. Y ese alpinchismo hace que políticos,
policías, médicos, profesores, etc. sean detenidos por violar la cuarentena,
solo porque estaban aburridos en sus casas y querían tomarse unas cervezas como
si no existiera el COVID-19.
Esos alpinchistas en plena pandemia suben los precios de los
medicamentos. Peor aún, los falsifican. Roban medicamentos de los hospitales
para venderlos en el mercado negro. Hacen compras sobrevaluadas. Se apropian de
los víveres destinadas para familias pobres. Les dan mascarillas inservibles a
los policías que salen a patrullar. Etc.
Esos alpinchistas, las dos primeras semanas de la cuarentena, que era clave para ver podíamos ganar la guerra, salían a pasear o a jugar una pichanguita como si fuera vacaciones. Salían a multiplicar los infectados y fallecidos. Viajaban y llevaban el COVID-19 hasta los pueblos más pequeños del Perú.
Esos alpinchistas, las dos primeras semanas de la cuarentena, que era clave para ver podíamos ganar la guerra, salían a pasear o a jugar una pichanguita como si fuera vacaciones. Salían a multiplicar los infectados y fallecidos. Viajaban y llevaban el COVID-19 hasta los pueblos más pequeños del Perú.
El alpinchismo y el COVID-19 nos están matando.
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