miércoles, 29 de agosto de 2012

Del porqué a la derecha y sus secuaces no les gusta eso de lesa humanidad


Los crímenes de Barrios Altos no fue una simple casualidad, ni una cuestión aislada, tampoco un exceso.

No una simple casualidad. Fue producto de un trabajo planificado que respondía a intereses de la dictadura Fujimori- Montesinos, a través de su brazo armado, el grupo Colina, que a su vez era parte de la estructura de las FFAA: con rango militar, presupuesto, organigrama. Y respondían directamente a palacio de Gobierno. Lo que ese grupo hacía era parte de la forma de gobierno de los años 90. Eso es una verdad que no necesita, a estas alturas, del polígrafo.

No una cuestión aislada. Ese hecho fue uno más del accionar de la dictadura. En la lista figuran el caso Cantuta, el Santa, el periodista Yauri, el sindicalista Huilca. Su objetivo era simplemente asesinar a quienes “estorbaran” que dos delincuentes se posicionaran en Palacio. Porque a estas alturas de la historia no tiene ningún asidero eso de que las víctimas eras senderistas, como decían los delincuentes fujimoristas y sus socios de la derecha: hasta ahora algunos de ellos siguen con ese discurso.

Tampoco un exceso. Se “entiende” un exceso cuando dos bandos entran en combate. Balas por aquí, balas por allá. Alguien disparando a ciegas mientras las balas le rozan el cuerpo. En esa situación se podría hablar de exceso. El caso Cantuta no fue un exceso, fue una venganza personal del dictador, porque los estudiantes de esa universidad le habían corrido a pedradas de ahí cuando fue de visita. Y Pedro Huilca era un peligro porque la CGTP tenía planes de enfrentarse al dictador. A eso habría que agregar que a todo lo que se pintaba de rojo, incluso los caviares (que no son ningún peligro para la derecha, en realidad) estaban en la lista negra. Todo aquel que no comulgara con la dictadura: así de simple.

Ahora bien. ¿Por qué a la derecha no le gusta ese concepto de lesa humanidad? A pesar de que a todas luces lo es. Pues, si se persiste en eso de lesa humanidad con los diversos casos que se dieron en la dictadura, entonces ¿cómo queda el caso Putis, Cayara, Acomarca? ¿Acaso no son situaciones parecidas? Ahí hubo una política de las FFAA de arrasar el campo, de exterminio de comunidades andinas. Sí, exterminio. No puede ser de otra manera cuando se entra a un poblado a asesinar a más de un centenar de personas. Y esa política de exterminio fue diseñada en ese lugar llamado Pentágono, y enseñaba en la Escuela de las Américas, conocida como la escuela de asesinos. No en vano el Estado peruano enviaba a ese “centro de estudios” a muchos de sus soldados: Montesinos, De Bari Hermosa, Telmo Hurtado. Esa receta militar viene de ahí.

O sea, siguiendo la línea de culpables con ese rótulo de lesa humanidad, dado las circunstancias, le tocaría responder a ese señor, al que todo el mundo sospecha como corrupto, Alan García, porque en su gobierno también se arrasó comunidades, bajo su consentimiento, ¿no? Lo mismo con el muertito de Belaunde, quien muy fresco, se fue sin responder, por ejemplo, por Putis y Uchuraccay.

Entonces ahí es cuando encaja el señor Stein (FujiStein, le llaman ahora), el defensor de la derecha que arrasa el campo. Les quita eso de lesa humanidad, y se adelanta a los hechos: que los responsables de tales asesinatos (exterminio) no sean juzgados.  

jueves, 23 de agosto de 2012

Entrevista a Mark Cox



 Verdades y mentiras sobre Hildebrando Pérez Huarancca

Mark Cox
La violencia política ha dejado profundas huellas en los peruanos. ¿Cuál es tu testimonio con respecto a ello?
No puedo comparar mis experiencias con las de muchos peruanos, pero la violencia política ha afectado mi vida personal.  En 1990 buscaba un hostal en el centro, pero escuché disparos y decidí quedarme en Miraflores, donde conocí a mi esposa.  En 1992 nos casamos el día después del atentado en la calle Tarata y el día antes de la masacre de la Cantuta.


¿Cómo un extranjero norteamericano decide estudiar la literatura de la violencia política?
Estaba haciendo una investigación para mi tesis doctoral sobre los escritores neoindigenistas y me di cuenta que muchos escritores jóvenes escribían sobre la violencia política.  Comencé a recolectar un corpus que ahora supera los 300 cuentos y 70 novelas publicados por más de 170 escritores, y pensaba (y pienso) que es un tema muy importante en la literatura peruana contemporánea.


Has publicado varios textos sobre literatura y violencia política. ¿Cuál ha sido la reacción de los lectores en el Perú?
Varía mucho.  Se me ha criticado por enfocarme sólo en escritores provincianos.  Por otro lado, muchas personas me han dicho que mis obras son un aporte importante para la literatura peruana.  Eso me anima a seguir publicando.


La última entrega es Verdad y memoria: controversia en la imagen de Hildebrando Pérez Huarancca. ¿Desde cuándo tu interés por Hildebrando Pérez Huarancca?
Leí los cuentos de Hildebrando Pérez Huarancca, Los ilegítimos, cuando hacía la investigación para mi tesis doctoral a comienzos de los años noventa.  Me parecían excelentes e importantes.  Por eso decidí incluirlos en mi tesis.  Luego me enteré que se involucró con la subversión.  Me intrigaba el caso porque sus amigos y familiares insistían que era inocente y la Comisión de la Verdad y otras instituciones igualmente insistían que era el encargado de la masacre de Lucanamarca.

Tocas un tema candente: el caso Lucanamarca. Hasta ahora se ha dicho que Hildebrando Pérez Huarancca fue quien comandó a los senderistas en ese hecho. Sin embargo, has encontrado errores y contradicciones en los discursos que lo sustentan. ¿Cómo descubres tal situación?
Encontré mucha información acerca de Lucanamarca en la Defensoría del Pueblo.  En la página 38 del tomo VII de la Comisión de la Verdad hay dos párrafos donde sostienen que varios “testigos” y “fuentes” ubican a Hildebrando Pérez Huarancca en Lucanamarca el día de la masacre y que era el líder.  Al mirar las notas a pie de las entrevistas, uno se da cuenta que no hay testigos o fuentes, sino dos entrevistas con un solo hombre, quien sostuvo que no estaba en Lucanamarca el día de la masacre.  En la entrevista le preguntan qué fue lo que escuchó, y lo que él cuenta es información de segunda o tercera mano pero aparece en el informe final del tomo VII de la CVR como si fuera el testimonio de un testigo directo.

El mismo hombre fue testigo en un juicio contra un maestro de Lucanamarca acusado de pertenecer a Sendero Luminoso y de haber participado en la masacre.  En el juicio las cortes encontraron al maestro no culpable por falta de evidencia.

El caso de la CVR se basa en la acusación de un hombre que no estuvo en Lucanamarca el día de la masacre y cuyo testimonio contra el ya mencionado maestro no bastó para encontrarlo culpable.  Además, preocupa que el Megaproceso incluyera el caso de Lucanamarca y nadie investigó el caso de Hildebrando Pérez Huarancca

Dices también que Hildebrando Pérez Huarancca tiene una influencia fundamental en la narrativa andina. Y él ha publicado solo un libro de cuentos, Los ilegítimos. ¿Qué es lo que hace que este libro sea fundamental en la narrativa peruana?
Es un libro de transición entre el neoindigenismo y la narrativa andina.  Emplea un estilo similar a los cuentos del mexicano Juan Rulfo, los cuentos son poéticos y contienen humor.  Tomás Escajadillo dice que los cuentos son “Vargas Vicuña + protesta social”, o sea, un alto tratamiento del lenguaje combinado con la crítica social.  Los cuentos de Pérez Huarancca aparecen en nueve antologías y es objeto de estudio en el Perú, Estados Unidos y Europa.

Se dice que Hildebrando Pérez Huarancca tiene una novela inconclusa. ¿Qué nos puedes decir al respecto?
He escuchado algo de eso y hasta he hablado con personas que la han leído, pero no tengo acceso a ella.

El cuento Vísperas, de Luis Nieto Degregori, y la novela Retablo, de Julián Pérez, tienen personajes inspirados en Hildebrando Pérez Huarancca. ¿Cómo un hombre de carne y hueso se convierte en personaje de ficción?
Sólo para mencionar un ejemplo, Manuel Scorza basó unos personajes en personas de carne y hueso.  En el caso de Hildebrando Pérez Huarancca hay tantos rumores y tan poca información acerca de su vida que es fácil crear un personaje de ficción muy interesante.

Contabas que el título de tu libro pudo ser otro.
Más bien, fue un chiste con un amigo.  En la Feria del Libro vimos un libro con el título, “Historia de una mentira”, que muy bien lo hubiera utilizado como título. 

Finalmente, ¿qué otros proyectos tienes como investigador?
Voy a seguir investigando la literatura acerca de la guerra interna.  Un proyecto es la narrativa sobre militares y escrita también por ellos.  Otro es una antología de cuentos sobre el tema de la guerra interna.

Publicado en:
http://www.diariolaprimeraperu.com/online/cultura/verdades-y-mentiras-sobre-hildebrando-perez-huarancca_118149.html

lunes, 6 de agosto de 2012

Carrera Pública Magisterial versus Desarrollo Docente

  Las dos leyes en cuestión responden a la misma tesis: el docente es el culpable de la crisis de la sociedad peruana.

La primera ley fue impuesta a rajatabla por el gobierno aprista. Además de la imposición, esa ley llegó con insultos a miles de maestros. Porque ese individuo llamado Alan García decía de los profesores: mediocres, burros.

La segunda ley igual. Sin debate alguno de parte de universidades e instituciones como Foro Educativo, IPP, Sutep se impone nuevamente. Total, qué se les va a consultar si los profesores son “burros” (Alan dixit).

Las dos leyes, en realidad se parecen. La segunda solo busca afinar algunos “errores” de la primera. De cinco niveles ahora resulta ocho. Vaya esfuerzo mental para llegar a esa conclusión. Supongo que, si el esfuerzo hubiera sido más, los niveles serían diez o quince.

Decía que la tesis de estas dos leyes es que el docente es el culpable de la crisis de la sociedad peruana. Y al culpable hay que darle con palo. Por eso, él debe ser evaluado cada tres años y, si desaprueba, adiós. Es punitivo.

Porque él es culpable de todo. Es culpable de que en cualquier esquina el tombo cobre su coima todos los días. Es culpable de que los jueces cobren su sencillo a los litigantes. Es culpable de que existan seres repudiables como Fujimori, Montesinos, De Bari Hermosa. Es culpable de que exista Colina. Es culpable de que los profesores compren exámenes o las plazas para nombramiento. Es culpable de que los choferes se pasen la luz roja. Es culpable de el marido sea cornudo o la esposa sea cornuda. Es culpable de que Conga no va. Es culpable de que “Elita” mate a su propia madre. Es culpable de que en una encuesta más del 70 % diga que el gobierno de Alan fue corrupto. Etc. Etc. ¿Ves? De todo.

Y viéndolo así todos apuntan a que esas leyes están OK. ¿Quién va a decir que esa ley es mala? Sería un antipatriota, un sinvergüenza. Porque esas leyes son la salvación del Perú, del mundo. O sea, Alan sería el mesías que salve el planeta con esta iniciativa. Y la ministra Salas también, porque afinó la propuesta de los apristas.

Ah, me olvidaba. El profesor es culpable de que exista un partido político que, en la práctica, es un centro de adoctrinamientos de la corrupción, del robo, de la pillería: Apra.

miércoles, 25 de julio de 2012

Humor negro

Keiko Fujimori, en campaña electoral, visita un colegio y explica sobre terrorismo: “Niños, en los años 80 y 90 Sendero Luminoso asesinó a mucha gente, por ejemplo, en 1983 en Lucanamarca mató alrededor de 70 campesinos, por eso ese grupo es terrorista”. Del fondo del salón, Jaimito levanta la mano para participar: “Señorita, señorita, en 1984 en Putis el ejército mató a más de 100 campesinos. ¿Eso también es terrorismo?”. Keiko para salir de apuro contesta: “Eso pregúntale al presidente Belaúnde”.  Y siguió con la explicación: “Niños, los senderistas en 1984 asesinaron a más de 100 en Soras, por eso son terroristas”.  Jaimito, desde el fondo, nuevamente alza la mano para participar: “Señorita, señorita, en 1988 en Cayara el ejército mató a más de 50 campesinos. ¿Ellos también son terroristas?”. Keiko para salir de apuro contesta: “Eso pregúntale al presidente Alan García”. Y seguía con la explicación: “Niños, los senderistas asesinaron en 1992 en Tarata a 25 personas, eso es terrorismo”. Jaimito, desde el fondo, otra vez participa: “Señorita, señorita, el grupo Colina en 1992 asesinó a 10 campesinos en El Santa. ¿Eso también es terrorismo?”. Keiko estuvo a punto de decir que le pregunte al presidente Alberto Fujimori, pero se acordó que era su padre. Entonces, para salir de apuro dijo: “Niños, es hora de recreo”. Los alumnos: “Yeeee”. Cuando ya no había nadie en el salón, Keiko saca su teléfono y marcó el número 666 666 666: “Aló, ¿Martín Rivas? Aquí hay un niño llamado Jaimito…”

viernes, 20 de julio de 2012

Lucanamarca versus Putis

            La designación del “día de la lucha contra el terrorismo” trae a colación una reflexión sobre los sucesos de los años ochenta y noventa. De cómo la violencia de esos años arrojó la cifra de 70 mil muertos y desaparecidos. Cifra que por cierto no convence a la derecha, que según ellos es de unos miles menos, o sea lo de “nosotros matamos menos” no es una cuestión de un taradito y desubicado fujimorista, sino es una postura de la derecha peruana.

            Sin embargo, eso de “nosotros matamos menos” es discutible cuando se alude a hechos concretos. Específicamente, hablo del 3 de abril, fecha que hace referencia al caso Lucanamarca, donde Sendero Luminoso dio muerte a 69 campesinos, inclusive niños. Porque resulta, que si se trata de cantidad, en Putis el Ejército mató 123 campesinos, inclusive niños, con el agravante del pillaje: se llevaron el ganado y los enseres para luego venderlos.

            Definitivamente, por donde lo veas 123 es mayor a 69. Casi el doble. Es que si queremos cuantificar el hecho entonces 123 debería ser el número a tomarse en cuenta y no 69. Sin embargo, alguien dirá que no se trata de número sino de intensidad. Y supongo que intensidad hace referencia a que en el caso Lucanamarca no solo los mataron sino que a algunos los quemaron vivos. En ese caso, también habría que tomarse en cuenta el caso Accomarca (62 muertos, inclusive niños), donde también se usó el fuego en esa matanza.

            Luego entre 69 y 62, el “nosotros matamos menos” es casi un empate técnico si de número se trata. Entonces, a ver un desempate: 123 más 62 igual 185 entre 2 igual 92.5. Y este número es superior al de Lucanamarca.

            Pero alguien hablará de otras cifras. Ejemplos habrá a montón. Y quizá eso de “nosotros matamos menos” termine en “mejor empate”, que seguramente esperan los que aún andan sueltos por hechos como Cayara, Putis, Acomarca, etc. Porque, de la manera cómo se presentas las cosas en el Perú, todo puede suceder.

            Finalmente, no se trata solo de colocar hitos por poner, para figurar a costa del dolor de los demás, para justificar el sueldo de burócratas calienta curul. “¡Ah! desgraciadamente, hombres humanos, hay, hermanos, muchísimo que hermanos”.

sábado, 7 de julio de 2012

Luz de agosto


I

Luego de leer novelas como Luz de agosto, uno termina convencido de que Faulkner es un grande en el manejo de las técnicas narrativas. Que no solo basta contar una buena historia sino saber cómo contarlas. Jugar un poco, o mucho, con el lector hasta atraparlo en ese mundo ficcional faulkneriano, definitivamente, distinto a lo que se venía haciendo hasta ese momento.

Sin Faulkner Perú, probablemente, no hubiera tenido su Nobel de literatura. Es que Faulkner es un hito en la literatura del siglo XX: ha influenciado en otros escritores. Sin él quizá no habría existido Macondo de Gabo, tampoco Santa María de Onetti, solo por mencionar a los más emcumbrados.

Su narrativa ha dejado deslumbrado a toda una (varias) generación de escritores y lectores. Tirios y troyanos cayeron rendidos ante su ficción. Vargas Llosa Llosa ha dicho de él: “la obra del escritor norteamericano es deslumbrante por su ambición y coherencia, por el hechizo, color, violencia y originalidad de su mundo, así como por la variedad y vigor de sus personajes, la audacia de sus técnicas narrativas y la fuerza encantadora de su lenguaje”[1].

En las antípodas, con respecto a MVLL, ideológicamente hablando, Miguel Gutiérrez ha escrito FAULKNER en la novela latinoamericana. Todo un libro para ensalzar al genio norteamericano en el plano estrictamente literario: la técnica, los recursos, su influencia en la narrativa del Boom y los nuevos escritores. Así, para MG “la influencia de Faulkner ha sido positiva, incitante y fructífera para la creación y desarrollo de la novela moderna latinoamericana”[2]. Y finaliza su ensayo diciendo de Faulkner “el maestro”[3]. Aunque, claro está, que se esperaba de MG, además de ese análisis, un análisis político ideológico, dado su formación literaria-ideológica en su paso por Grupo Narración.

Eso sí, por más genio que fuera Faulkner en técnicas narrativas, no pudo escapar a una análisis en el plano ideológico, ya que intenta “escapar a un mítico pasado armonioso, del cual el presente le parece ser una degeneración”[4]. Esta evasión de la realidad hace que los “los negros necesiten al hombre blanco para que los guíe y piense por ellos”[5]. Eso se ve por ejemplo en Sartoris, cuando uno de los criados se gasta el dinero de la iglesia con una prostituta. El coronel Sartoris, ante tal situación, le salva de un linchamiento, responsabilizándose de la deuda. Salta a la luz la naturaleza del buen amo blanco. En cambio, el negro es un bribón casi innato. Aunque, uno de los personajes negros, Caspey, tiene una actitud rebelde ante los blancos, no encuentra eco entre los suyos. “No permito que ningún blanco me diga lo que tengo que hacer”[6]. Finalmente pasa desapercibido esta actitud rebelde y los amos se muestran benevolentes con él: es que son blancos. Ese es el mundo que describe Faulkner, “basado en una nación mítica, una nación que nunca existió. Se trata de la Confederación de los Estados del Sur”[7]. Eso entre otras cuestiones.

II

En cuanto a Luz de agosto, esa forma de narrar los acontecimientos sobre el linchamiento de Christmas en una sociedad donde el ser negro es una marca peor del que le puso Jehová a Caín: frustración, humillación, persecución por el hecho de no ser blanco, hace que el discurrir de las acciones sea atractivo. Te lleva de un lado a otro, de un tiempo a otro, hasta que el pobre hombre blanco de sangre negra es finalmente eliminado, aplastado como una cucaracha, como un ser repudiable, no por sus acciones, sino por el hecho se tener sangre negra y hacer cosas que, si hubiera sido blanco, el resultado sería diferente.

Los hechos de la novela empiezan un mes después de que Lena ha salido de Alabama en busca del hombre que la embarazó y termina cuando ella, ya con su hijo en brazos,  llega a Tennessee dos meses después de una larga travesía por diversas ciudades. O sea, un mes de viaje, que será el pretexto para que Faulkner nos presente a su personaje Joe Christmas y nos haga recorrer lo complicado que puede ser la vida de una persona con ascendencia negra en una sociedad norteamericana a inicios del siglo XX, donde el racismo extremo está latente.

Christmas no es un negro a simple vista, pasa por blanco, pero el hecho de que su padre tenga tales rasgos hace que su abuelo, primero, mate al transgresor racial, segundo, deje morir en el parto a su propia hija, tercero, mande al niño a un albergue. Ahí, él intuye que no es un niño como los demás, que es diferente, que está marcado por el destino.

Ya de joven se encamina a una situación “casi natural” de su condición de negro. Incluso cuando tenga sangre blanca, dado que su madre la es, él no se puede redimir. El hecho de tener la ascendencia negra hace que sea el malo necesariamente. “Se trataba de un crimen de negro, cometido, no por un negro, sino por el Negro”[8].

Su situación de hombre con dos tipos de sangre que corre por sus venas le hace vivir un conflicto: rechazado por los blancos, también por los negros. En su mundo interior los mismo. Lo bueno y lo malo también tiene que ver con este hecho. Su ascendencia blanca lo hace bueno por momentos, en cambio la negra, no. “Como si hubiera sido la (sangre) negra la que esgrimió la pistola y la blanca la que no le permitió disparar”[9]. Racismo absoluto.

Christmas es un hombre perseguido por la desgracia, y quien representa muy bien esa desgracia es su propio abuelo. Este pretende que la turba lo linche cuando descubre que el niño, producto de la ignominia, ya es todo un adulto. “Es ese bastardo. Tu obra no está acabada aún. Ese bastardo es una inmundicia, una abominación en la faz de la tierra”[10].
Finalmente, Christmas es muerto a tiros, pero antes de que expire es castrado para asegurarse que incluso en el más allá no toque a las mujeres blancas. Así termina sus andanzas este hombre que no eligió ser asesino, sino que le destino se lo eligió. Y Faulkner ha escrito Luz de agosto en torno a la vida de este personaje y de ese destino que ya estaba escrito.



[1] Mario Vargas Llosa (2008). Viaje a la ficción. Alfaguara. Pág. 81.
[2] Miguel Gutiérrez (1999). Faulkner en la novela latinoamericana. Editorial San Marcos. Pág 58.
[3] Ídem. Pág. 149.
[4] Sydney Finkelstein (1966). Existencialismo y alienación en la literatura americana. Editorial Grijalbo. Pág. 191.
[5] Ídem. Pág. 195
[6] William Faulkner (2003). Sartoris. Planeta. Pág. 87.
[7] Sydney Finkelstein. Pág. 192.
[8] William Faulkner (1983). Luz de agosto. Oveja Negra. Pág. 202.
[9] Ídem. Pág. 312.
[10] Ídem. Pág. 267.

viernes, 6 de julio de 2012

Del por qué un cachaco no puede ser democrático


            Cuando el cachaco postula a ser cachaco, sabe que el primer día será bautizado como el “perro”. Y el concepto perro reducido a su más vil condición. Que puede ser pateado, escupido. Que pueden ponerle una correa al cuello y pasearlo. Que pueden llamarle Firulais, Lazy, Fido, en fin, como quieran. Que pueden ordenarle que se ponga en cuatro patas o que ladre. Etc. Claro está que, para ello, existe una condición: que quien pueda hacer todo ello con el “perro” sea “antiguo” o detente algún grado superior.

            Eso de entrada. Porque luego su vida continúa así hasta el día de su muerte. Porque incluso una vez que se gradúe, con ceremonia incluida, se la pasa de obediente, de chicheñó o su variante nocheñó. En un Para ranas, uno, dos la respuesta deber tres, cuatro, y a viva voz. En un ¿Estás cansado?, se debe decir No, señor, porque ellos no pueden cansarse. En un ¿Entendido? no hay vuelta que darle, se debe responder, sí, señor. Así hasta un etc.

            Esa práctica nada democrática es lo que caracteriza en su accionar diario. Y esa condición hace que, incluso, consideren que sean superiores a los “civiles”. Por eso cuando se refiere a una persona que no es cachaco, dice de él “ese civil” con aires de superioridad. Porque el ser cachaco desde la óptica de cachaco es ser superior, y el ser civil es de inferioridad con respecto a ser cachaco. Eso demuestra, por ejemplo, que uno de ellos haya dicho que el cachaco “está por encima del bien y del mal”.

            El cachaco, en ningún caso, practica la democracia. La naturaleza de su formación es esa. No puede objetar la orden de un  cachaco de rango mayor. Jamás. Y cuando ordena, evidentemente, a uno de rango menor, le deben obedecer. No hay vuelta que darle. “Sin duda ni murmuración, carajo”.
           
Así, el cachacho ordena. Dice firme aquí, como es el caso del cachaco Valdés cuando quería que los cajamarquinos firmen por Conga va. Es que este cachaco cree que los civiles son seres de rango inferior a los cachacos, incluso por debajo de los perros (no me refiero al de cuatro patas), por lo tanto, se le debe obedecer con un chicheñó. Para coj…

            Lo mismo sucede con el otro cachaco. Ha dicho que Conga va. Desde el inicio ha sido así. No ha consultado con la población de Cajamarca. Con nadie. Simplemente ha señalado que ese es el camino en bien  de ellos. ¡Esa turba civil qué va a saber, qué va a pensar, qué va a diferenciar el bien del mal! Si los civiles están por debajo del bien y el mal. Chusmas.

Este cachaco cree que todo el Perú debe decirle chicheñó. Conga va. Chicheñó. Destrucción de lagunas. Chicheñó. Mientras tanto los Benavides, al que finalmente representan estos dos cachacos, sonríen por el oro de Cajamarca.
            Ante tal situación resulta que a muchos no les gusta decir chicheñó, tampoco ante un Para ranas uno, dos responder Tres cuatro. Porque simplemente, si  alguien me dice Para ranas uno dos yo pienso en una rica fritura de rana, traída desde alguna laguna cerca a Cerro de Pasco, con su papa amarilla.