sábado, 3 de enero de 2015

Bolero matancero


En el tercer libro de cuentos de Fernando Carrasco, Bolero matancero, los personajes matan a ritmo no solo de boleros, sino de huaynos, chichas, y baladas. Entonces, tenemos cuentos de balazos y cuchillos asesinos, y de yapa fragmentos de canciones con las que podríamos armar popurríes en varios géneros musicales, por lo que bien pudo titularse Popurrí matancero.
Así, en “La chicha, el amor y la muerte”, se puede leer los versos cantados de Chacalón, Los Ecos y Grupo Guinda, que servirán para colocarnos en el escenario de una fiesta chicha, donde una muchacha hermosa se encuentra entre el público para cumplir la promesa de vengar a su hermano. El asesino la saca a bailar, luego se van a un hotel, pasan la noche y al despertar los disparos cierran el cuento.
En “La encomienda”, un viudo viaja hacia un poblado de la serranía para cumplir una promesa hecha a su esposa moribunda. En el largo camino, las letras de Picaflor de los Andes y Flor Pucarina lo acompañan y le dan valor para asestar la puñalada fatal a Nefario Rojas por haber abusado de su esposa cuando era niña.
En “Corona de espinas”, se puede leer las canciones de Lucho Barrios como un preámbulo para los cinco balazos que le dará el Achiote al Búho, porque este se acostaba con su mujer mientras el primero se encontraba en prisión.
En “Gaviota del norte”, las canciones del dúo Benitez-Valencia y Julio Jaramillo ambientan la noche de un burdel ecuatoriano, antes que cuatro parroquianos, entre ellos un peruano, sean perseguidos por un grupo de ecuatorianos con picos de botella en la mano.
En “Con la misma moneda”, las letras de Leo Dan, José Luis Perales, José José, Nino Bravo y Los Iracundos sirven para que una hija recuerde cómo su padre golpeaba a su madre hasta llevarla a la muerte. Y con ese fondo musical, ella va preparando la jeringa asesina para saldar viejas cuentas con su progenitor.
En “Bolero matancero”, a Emilio Garrido, un coleccionista de discos de vinilo, la soledad lo va mortificando: ha quedado viudo y sus hijos viven en el extranjero. Mientras planifica suicidarse, los lectores podemos disfrutar las canciones de Leo Marini y Alberto Beltrán.

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