domingo, 27 de agosto de 2017

¿Movadef y Proseguir en huelga de profesores?

La huelga no ha sido convocada por Sutep Patria Roja. Al contrario, la ataca y pretende que el sacrificio de miles de docentes fracase. Y en su desesperación difama a los dirigentes regionales y respalda las acusaciones absurdas del ministro del Interior, quien dice que Movadef y Proseguir se dan la mano en esta huelga. Afirmación absurda, dado que ambos grupos son enemigos a muerte.

Tanto Movadef como Proseguir nacieron luego de que Abimael Guzmán fuera atrapado por GEIN en 1992. Desde la cárcel, el que otrora se hacía llamar presidente Gonzalo ideó Movadef  (Movimiento por la Amnistía y Derechos Fundamentales) para lograr su excarcelación. Es decir, este grupo está integrado por personas que siguen fiel a Guzmán.

En cambio Proseguir, como el nombre lo indica, planteó la continuidad de la “guerra popular” sin Abimael, a quien consideran traidor. Para este, Proseguir es “una línea oportunista de derecha que perseguía cambiar la dirección, la línea, el Partido y el carácter de la guerra” (CVR, 2003, T5: 123).

El accionar de ambos difiere. Movadef pretende incluso participar en la elecciones regionales y nacional, por ello intentó inscribirse como partido político. Para ganar adeptos se infiltra en diversas organizaciones: centros federados, sindicatos. Sin embargo, su presencia es limitada. Hay un rechazo de la ciudadanía. Están lejos de controlar sindicatos o federaciones como dicen los de PR y Basombrío.

Proseguir, dirigida por los hermanos Quispe palomino,  se ha convertido en protector de narcotraficantes en el VRAEM. Las cuestiones ideológicas y hacer la “guerra popular” ya no están en su agenda. Es decir, infiltrarse en sindicatos no es de su interés. A menos que quieran utilizarlos para vender droga.

Quien sale ganando en todo esto es Abimael Guzmán, quien debe estar feliz con tanta propaganda gratuita desde un ministerio, que vende ropa interior, y orquestada por PR. Decir que Movadef organiza esta huelga de maestros es decir que Movadef tiene una gran capacidad de convocatoria, que puede movilizar a casi 200 000 maestros. Falso. 

viernes, 25 de agosto de 2017

La estafa de Sutep Patria Roja y Minedu (julio 2017)



1. Alcanzar un piso salarial de S/. 2000, y que se encuentra previsto para el 2018, se realizará sin incremento de la jornada laboral, es decir, manteniéndose la jornada de 30 horas pedagógicas.

Nota: ¿Ves? Lo dice “previsto para el 2018”. O sea, ya estaba en agenda del gobierno y no es conquista del Sutep Patria Roja.

2. En cuanto al pago de la deuda social en Lima Metropolitana, se informa que el sector ha cumplido con los plazos y procedimientos para el pago de sentencias judiciales, habiéndose destinado más de 3 millones de soles durante el primer trimestre del presente año, y que para el pago del siguiente trimestre se han previsto 9 millones de soles. No obstante, se revisará la viabilidad para pedir más recursos al MEF.

Nota: Esto es una cuestión judicial ganada por los docentes de manera individual, sin apoyo de Sutep Patria Roja.

3. El Minedu precisa que las plazas en el concurso de ingreso a la Carrera Pública Magisterial se incrementarán de 22 mil en la primera prepublicación a más de 34 mil plazas en la segunda prepublicación.

Nota: Por algo se llama prepublicación: sin necesidad del “acuerdo” con Sutep Patria Roja, Minedu ya tenía planificado en su cronograma esta prepublicación.


Conclusión:

  1. Sutep Patria Roja y Minedu estafan al magisterio con estos “acuerdos”.
  2. En las conversaciones y acuerdos no se ha tocado bajo ningún criterio el caso Derrama Magisterial (funcionamiento, elección de directivos, entre otras cuestiones propias de este tipo de empresas). Sospechamos que el acuerdo real es que no se toque ese tema para firma los “acuerdos”.


http://www.minedu.gob.pe/n/noticia.php?id=43633

viernes, 18 de agosto de 2017

El no diálogo de la ministra, el lado étnico



A la ministra no le gusta dialogar. Después casi dos meses de huelga magisterial cusqueña la ministra a regañadientes aceptó dialogar. Lo mismo sucede con las otras regiones. Semanas de huelga y nada de diálogo. Solo cuando miles de profesores salieron a las calles apoyados por padres y alumnos (nadie esperaba ese apoyo) y el Congreso la citara (amenaza de destitución), aceptó dialogar, pero puso una condición: hacer un filtro de los docentes que representan a las regiones. Pobrecita, no está en condición de poner condiciones, pero el magisterio le ha dado ese beneficio. 

Pero llegado el día del diálogo no hubo diálogo en el sentido que todos tenemos: una mesa donde puedan estar ella, los huelguistas, los técnicos, los congresistas. Estos últimos sirvieron de carteros: los representantes en un ambiente y la ministra en otro ambiente. 

¿A qué se debe que ella no quiera dialogar? Se dice que es por la presencia de maestros movadefianos. Es su excusa que arranca aplausos, bueno es lo que quiere, sin embargo, nadie aplaude, porque la solución para el caso es retirar de la lista de interlocutores a esos señores y a dialogar. Tan simple. 

Sin embargo, luego de ver un video donde la ministra en el Cusco toca a un niño de manera no muy amable porque estaba en otras durante la ceremonia, se puede plantear que el diálogo no va por una cuestión de discriminación étnica que arrastramos por siglos. Porque estamos seguros que la ministra habría actuado de otra manera si el niño fuera un “blanquito”. Claro, al niño se le respeta, pero no a todos los niños parece mostrar el video.

Dicha actitud también se refleja en el no diálogo con el magisterio nacional, que en su mayoría no está compuesto por “blanquitos”. Por eso, en vez de diálogo manda a sus sabuesos (policías) con gases y pinochos, primero, luego a los congresistas. Pensará: “¿Dialogar con la chusma?; no pues, pero sí podemos dialogar con los nuevos banqueros: Derrama Magisterial; ¿cómo quieren que dialogue con hijos de campesinos y ambulantes, con chunchos y serranos?, no están a mi altura. Ahora que los congresistas se ofrecieron de mediadores, los agarro de cholitos”. Ese es el lado étnico del no diálogo. Claro, que no es el único.

domingo, 1 de enero de 2017

Conversación en La Catedral: Utopía arcaica de la “gente decente” del odriismo



Santiago Zavala (Zavalita) es un burgués que no quiere ser burgués, que detesta la dictadura de Odría y a su propio padre por apoyar dicha dictadura, hasta el extremo de rechazar la herencia cuando este muere. Rompe en lo absoluto con su ascendencia para no ser parte de ese mundo caótico, corrupto y maloliente que había construido la dictadura, apoyada por los grandes empresarios, entre los que se encuentran Fermín Zavala, el padre de Santiago, y el senador Landa. La única forma de no contaminarse con ese cáncer social es dejar la casa paternal y vivir de su propio trabajo como periodista y tener una nueva vida, donde las comodidades económicas ya no van más, por elección.
Zavalita se rebela contra todo lo que signifique burguesía, del cual es parte por extracción. Eso incluye la universidad donde deben estudiar los de su clase: Católica; él prefiere San Marcos, porque “ya no tendré que juntarme con gente decente nunca más” (76). Y una vez que entra a San Marcos, “un nido de subversivos” (70), se hace simpatizante del Partido Comunista, que luchaba en condiciones duras contra la dictadura, y forman la Organización Cahuide. Sin embargo, cuando llega el momento de inscribirse en el partido, a través de dicha organización, él declina. Su procedencia burguesa no se lo permite. De heredero de uno de los apellidos más poderosos del Perú a convertirse en comunista con carné, habría sido trágico para él. Porque si se inscribía “Habrías vivido mal, Zavalita… en vez de editoriales en La Crónica contra los perros rabiosos escribirías en las paginitas mal impresas de ‘Unidad’… o en las peor impresas de Bandera Roja, contra el revisionismo soviético y los traidores de Unidad…” (136). Su rebeldía tiene un límite. No puede ir más allá de eso. A pesar de odiar la dictadura y reclamarle a su padre sobre su condición de amigo del dictador, su actitud no es una cuestión político ideológico, sino resulta siendo una simple pataleta de niño engreído: “es que soy un poco loco” (77). Esa pataleta de Zavalita nos permite observar diversos acontecimientos de la dictadura de Odría, de sus fechorías, de los pactos para continuar en el poder.
La dictadura de Odría se sustenta en la alianza con el empresariado, representados por Zavala y el senador Landa, sin la cual no podría gobernar. Dictadura que es apoyada incluso por EEU, pero por cuestiones formales para el discurso democrático de la opinión internacional (solo en el discurso, porque en la práctica les gusta Odría), se plantea elecciones democráticas (con fraude).

- Todo es cuestión de empréstitos y de créditos –dijo don Fermín-. Los Estados Unidos están dispuestos a ayudar a un gobierno de orden, por eso apoyaron la revolución. Ahora quieren elecciones y hay que darles el gusto.
- Los gringos son formalistas, hay que entenderlos –dijo Emilio Arévalo-. Están felices con el general y solo piden que se guarden las formas democráticas. Odría electo y nos abrirán los brazos y nos darán los créditos que hagan falta (126).

Sin embargo, luego de las elecciones, vienen las discrepancias. Quienes le pusieron en el poder pretenden sacarlo, porque finalmente el poder es de los empresarios. Es decir, Odría está en el poder de manera circunstancial, solo porque los dueños del Perú así lo quisieron.

- No quieren que cambie de política, harán la misma cosa cuando tomen el poder –dijo él-. Quieren que se largue (Odría) Lo llamaron para que limpiara la casa de cucarachas. Ya lo hizo y ahora quieren que les devuelva la casa, que después de todo, es suya, ¿no? (364).

La arremetida del empresariado es contundente contra la dictadura a través de mítines y marchas. Odría se hace impopular. No tiene apoyo del pueblo. Empiezan las barricadas pidiendo elecciones, entre ellos la renuncia de Cayo Bermúdez, ministro de Gobierno.

- (…) En el Teatro de Arequipa. La coalición estaba haciendo un mitin y los odriistas se metieron y hubo una pelea y la policía tiró bombas. Salió en La Prensa, señor Santiago. Muertos y heridos (275).

- (…) ¿Oyeron las noticias? Gabinete militar, por los líos de Arequipa. Los arequipeños lo sacaron a Bermúdez. Esto es el fin de Odría (288).

Dicha situación nos recuerda a Pedro Beltrán, empresario que apoyó la dictadura en la realidad real, en sus primeros años, luego fomentó un fallido golpe de estado con el general Noriega, que le costó un destierro al militar en 1954. Dos años después Odría también ordena la prisión de Beltrán. En la realidad ficcional, Landa sufre prisión domiciliaria, pero negocia las cuestiones políticas a través del teléfono con Cayo Bermúdez.

- A un amigo no se lo tiene detenido –dijo landa-. ¿Por qué está rodeada mi casa? ¿Por qué no se me deja salir? ¿Y las promesas de Lora al embajador? ¿No tiene palabra el canciller?
- Está corriendo rumores en el extranjero sobre lo ocurrido y queremos desmentirlos –dijo-. Supongo que Zavala estará con usted y que ya le habrá explicado que todo depende de usted. Dígame cuáles son sus condiciones, senador.
- Libertad incondicional para todos mis amigos –dijo Landa-. Promesa formal de que no serán molestados ni despedidos de los cargos que ocupen.
- Con la condición de que ingresen al Partido Restaurador los que no están inscritos –dijo él-. Ya ve, no queremos una reconciliación aparente, sino real (374).

Esta condición no es de un rendido, sino de uno que sabe que ha perdido una pequeña batalla, no la guerra y que puede poner condiciones. Así también sucede con Zavala, quien niega su filiación golpista, pero amenaza, dejando en claro que lo que manda en política es el dinero.

Si yo me hubiera puesto a conspirar de veras las cosas no habrían ido tan mal… Si Landa y yo hubiéramos sido los autores de esto, las guarniciones comprometidas no hubieran sido cuatro sino diez… Con diez millones de soles no  hay golpe de Estado que falle en el Perú” (358).

Pero ¿quién es ese personaje llamado Cayo Bermúdez con tanto poder de negociación? En la realidad real, lo encontramos como ministro de Estado de la dictadura odriista, Esparza Zañartu, personaje siniestro, que fue el artífice de las persecuciones, deportaciones y asesinatos. Las dos realidades coinciden en señalar que el hombre de confianza de Odría es reclutado por el general Zenón Noriega (Espina, en la ficción), compañero de estudios en el colegio.

- Vaya haciendo sus maletas –dijo el teniente, jovialmente-, me lo llevo a Lima…
- ¿A Lima? –dijo despacio, las pupilas sin luz-. ¿Quién me necesita a mí en Lima?
- Nada menos que el coronel Espina –dijo el teniente, con una vocecita triunfal-. El ministro de gobierno nada menos (51)

- Odría necesita hombres de confianza (…) Estábamos barajando nombres para la Dirección de Gobierno y el tuyo se me vino a la boca y lo solté. ¿Hice una estupidez? (…) Un cargo oscuro pero importante para la seguridad del régimen –añadió el coronel-. ¿Hice una estupidez? Ahí necesitas a alguien que sea como tu otro yo, me advirtieron, tu brazo derecho. Y tu nombre se me vino a la boca y lo solté (…).
- Ya veo que tienes confianza en tu viejo condiscípulo –dijo al fin Bermúdez (58-59).

Una vez instalado en las sombras del poder odriista, Cayo Bermúdez (o Zañartu en la realidad real) se dedica a la corruptela, a través de lo que ahora conocemos como el diezmo.
               
- Respecto al contrato, señor Bermúdez –parece que estuvieras aguantándote la caca, eunuco-, ¿en las mismas condiciones que el año pasado? Me refiero a, es decir.
- ¿A mis servicios? –dijo él, y vio la turbación, la incomodidad, la sonrisa difícil de Tallio; se rascó la barbilla y añadió, modestamente-: Esta vez no le van a costar el diez por ciento sino el veinte por ciento, amigo Tallio (222).
           
Esta dictadura plagada de corrupción finalmente hace un pacto con la clase política en la realidad real: el Pacto de Monterrico (Odría-Haya-Prado). Este pacto, entre otras cosas, establecía no investigar la corrupción de la dictadura. En la ficción, lo encontramos cuando no se permite publicar una notica donde Cayo es sospechoso de un asesinato.

- ¿Fue o no fue querida de ese pendejo (Cayo) –dijo Becerrita-. Y si lo fue y el pendejo ya ni está en el gobierno y ni siquiera en el país ¿por qué no se puede decir?
- Porque al directorio le da en los huevos que no se pueda decir, mi señor –dijo Ariste (321).

Sin embargo, el asesino es Ambrosio, chofer y amante de Fermín Zavala, quien la asesina porque la víctima sabía de su homosexualidad y chantajeaba al empresario.

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Vargas Llosa, Mario (1996). Conversación en La Catedral. Lima: PEISA. 


martes, 12 de enero de 2016

La memoria en (re)construcción: las representaciones de la violencia política en el proceso educativo peruano



Ese es el título de una tesis* de maestría de Lucía Edith Fernández Bravo (2015, PUCP), donde analiza los textos escolares que abordan la violencia política para demostrar que “la memoria histórica de la violencia política peruana se construye de acuerdo a los intereses, deseos, valoraciones, subjetividades y representaciones de la voz enunciante” (11).
            Así tenemos que los autores de dichos textos tienen un trato condescendiente con agentes del Estado que cometieron genocidio, a diferencia de la subversivos, a pesar de que en ambos casos son de igual repudiables (Putis y Lucanamarca, por ejemplo). “Las medidas contrasubversivas llevadas a cabo por el Estado y los agentes del orden en desmedro de la población quechuahablante-campesina son mitigadas, soslayadas y/o justificadas, hecho que no sucede cuando los actores sociales son los agentes subversivos” (44). Esto se logra a través de “los recursos o estrategias lingüística utilizadas para tal fin (…) el uso de nominalizaciones; la preferencia por participantes institucionales, colectivos y abstractos” (56).
            Otro aspecto que resalta esta tesis es el trato diferente de la violencia en Lima. “Los autores narran los hechos de forma distante y sin mostrar algún compromiso e involucramiento” (81) con las masacres de comunidades campesinas realizadas por los subversivos. En el caso de la capital se “identifica con nombre propio a las víctimas asesinadas por las fuerzas insurgentes” (82). Una visión urbana (limeña) de la violencia, donde los otros (campesinos, andinos, amazónicos) son personas de segunda categoría: así piensan los autores de los textos escolares, aprobado por el Estado peruano, por supuesto.
            Sin embargo, a pesar del esfuerzo de los autores de los textos, los escolares de una institución educativa de San Juan de Lurigancho, con quienes trabajó su investigación la tesista, conocen la otra historia (no oficial), porque sus familiares les han contado sus vivencias con respecto a la violencia política, dado que muchos de ellos huyeron de las zonas convulsionadas. “Estos actores educativos representan a los miembros del gobierno como grupos análogos a los ‘terroristas’ y construyen una categoría de sujeto perpetrador que incluye a ambos y que refiere a aquel que atentaba sin reparo contra la vida de inocentes” (105).
            De esta manera, la escuela se convierte en un centro de lucha por la memoria, donde la historia oficial a través de los textos escolares pretende imponerse. En tiempos de violencia la lucha se traducía por adoctrinar a los estudiantes. La subversión a través de los docentes formados en la ideología subversiva; el Estado a través de la asignatura premilitar. Esa lucha no solo fue ideológica. Comandos subversivos o militares una y otra vez tomaron la escuela como centro de descanso o adoctrinamiento. En otros casos, ha sido atacada a bombazos y balazos.


* http://tesis.pucp.edu.pe/repositorio/bitstream/handle/123456789/6266/FERNANDEZ_BRAVO_LUCIA_MEMORIA_(RE)CONSTRUCCION.pdf?sequence=1 

Memorias de un soldado desconocido


Lurgio Gavilán, en Memorias de un soldado desconocido, nos muestra la violencia política desde la mirada de un exsenderista, exsoldado, exsacerdote: triple ex. No es una antología de las versiones de tres personas distintas, sino la versión de una persona que fue senderista, soldado, sacerdote, en ese orden, todo en uno. En la actualidad, es antropólogo.
Por ese testimonio nos enteramos que a la edad de 12 años el autor se incorpora a las filas del PCP-SL de manera voluntaria: “llegó Sendero a mi comunidad, como la lluvia buena. Las primeras gotas de lluvia dieron esperanzas de vida, justicia social, pero las lluvias cada vez se prolongaron y vino el miedo” (55). El discurso de igualdad social había calado en la mente del joven Lurgio. Pero no solo de él, sino de muchos jóvenes y no jóvenes que creyeron que la “justicia social” estaba a la vuelta de esquina. Así muchos pasaron a la clandestinidad para empuñar las armas. Y todo el Perú se convirtió en una injusticia social a la X.
Luego de pasar varios años como combatiente cae prisionero de una patrulla del Ejército, sin embargo, contra la costumbre castrense, no se le da el tiro de gracia. El oficial a cargo le matricula en un colegio y le viste el uniforme militar. Debe estudiar pero también debe disparar contra sus antiguos camaradas.
Ya en sus andanzas de soldado entra en contacto con la iglesia y decide convertirse en misionero franciscano, sin embargo, al poco tiempo, abandona los hábitos para dedicarse a la antropología.

Y es desde la mirada de antropólogo que Lurgio nos cuenta sobre la violencia política y reflexiona sobre ella. El libro está hecho con la intención de testimoniar sobre la violencia política tal como se sucedió, sin maquillajes, con la ventaja de conocer la violencia desde dentro y desde los diversos frentes: insurgente, militar, religioso, académico. 

sábado, 2 de enero de 2016

Los rendidos: sobre el don de perdonar

Los rendidos: sobre el don de perdonar[1] es un libro donde el autor, hijo de militantes senderistas muertos en una ejecución extrajudicial, reflexiona sobre la violencia política. Pero sus padres, al involucrarse en la subversión, también son culpables de la muerte de otras personas. 

Sé que mis padres formaron parte de este mundo. Sé que en la acción donde detuvieron a mi padre por última vez un policía fue asesinado (…)Su familia, ahora recortada de él. Solamente viuda y huérfanos. Como nosotros. Cómo pedirles perdón. ¿Debo pedirles perdón? (51-52)

            Pero no solo se queda en la pregunta, sino que lo ejecuta, pide perdón por algo que no hizo, lo hace porque siente que la culpa está en su ADN, que le fue transmitido.

En dos ocasiones pedí perdón por mi padre. Fue un momento de confusión, porque no es que cargara con esa urgencia durante mi adolescencia o mi juventud. Fueron actos impensados que se dispararon, una cadena de sucesos pequeños que sin drama me condujeron a ello. Fueron torpes también (59).

            Es que la violencia política ha dejado miles de dolientes que a diario recuerdan a sus seres queridos y, además reflexionan sobre lo sucedido, intentando comprender el porqué de los setenta mil muertos.
            Además estos dolientes caminan a diario por las calles de las ciudades o los caminos del Perú, pero que en ese andar también se cruzan con otros dolientes. Y entre tanto doliente es posible que se crucen con el responsable de la muerte del ser querido o con el hijo o el padre, sin saberlo. También verlo en televisión o fotografiado en los periódicos como es el caso del autor: su padre murió en la masacre de las cárceles en la época de Alan Carcía.
           
Pienso en Alan García, que sabemos fue el responsable directo junto a sus líderes políticos, de la muerte de los presos en El Frontón, Lurigancho y Santa Bárbara. No necesitamos sentencias para eso. La verdad no se materializa en una hoja de papel (…) ¿Debo odiarlo como lo odiaba mi abuela, como lo odiaba mi madre? Prefiero perdonarlo también (128).

            José Carlos Agüero ha querido compartir sus reflexiones sobre la violencia política desde la mirada del hijo de senderistas muertos extrajudicialmente. Desde esa orilla, pocos se atreven a reflexionar en público. Prefieren el silencio. El estigma los acalla. Los dedos acusadores los señalan.




[1] Agüero, José Carlos (2015). Los rendidos: sobre el don de perdonar. Lima: IEP.